lunes, 9 de mayo de 2016
La curiosa conversación entre el gobernador civil de Córdoba y el bandido prisionero sigue aún en términos parecidos, aspecto que resulta altamente paradójico, porque hablan, como hemos visto, de amena literatura e intentan conciliar de alguna manera el prototipo del bandido que presenta Schiller con la realidad de algunos bandoleros andaluces, entre los que se incluyen José María el Tempranillo y Diego Corrientes. Interesa, por el momento, recordar este dato: una pieza teatral plenamente romántica y unas actitudes personales más o menos históricas que se conforman parcialmente con un héroe literario. Resulta también un poco chocante el gran conocimiento que de la obra alemana manifiesta el bandido, pero en otro lugar se dice que su formación cultural es bastante amplia, algo también atípico entre los malhechores.
domingo, 8 de mayo de 2016
La curiosa conversación
La curiosa conversación entre el gobernador civil de Córdoba y el bandido prisionero sigue aún en términos parecidos, aspecto que resulta altamente paradójico, porque hablan, como hemos visto, de amena literatura e intentan conciliar de alguna manera el prototipo del bandido que presenta Schiller con la realidad de algunos bandoleros andaluces, entre los que se incluyen José María el Tempranillo y Diego Corrientes. Interesa, por el momento, recordar este dato: una pieza teatral plenamente romántica y unas actitudes personales más o menos históricas que se conforman parcialmente con un héroe literario. Resulta también un poco chocante el gran conocimiento que de la obra alemana manifiesta el bandido, pero en otro lugar se dice que su formación cultural es bastante amplia, algo también atípico entre los malhechores.
El personaje protagonista del drama de Schiller, el mencionado Carlos Moor, presenta entre los rasgos que configuran su personalidad esa fatalidad, tan romántica, de sentirse inerme ante los impulsos del destino, de la misma manera que lo está nuestro don Álvaro, sometido a la fuerza del sino, en la obra del Duque de Rivas, o algunos otros personajes marginales, como la prostituta, según he estudiado no hace mucho tiempo2. Hay, al parecer, un hado trágico que planea sobre estos personajes y que los determina a convertirse en seres fuera de la ley, sin que puedan hacer nada por evitarlo. Algo de esto se advierte claramente en el personaje de Schiller, que se lamenta de su suerte en un dramático monólogo, al que pertenecen estos versos según una traducción española de los años treinta:
viernes, 6 de mayo de 2016
Cierta noche prolongué mi visita en la cárcel más de lo acostumbrado, departiendo con el Garibaldino, y habiendo yo de antemano hecho recaer la conversación sobre las aventuras, vida, carácter y rasgos generosos de algunos célebres bandidos, entre los cuales cité naturalmente al famoso José María.
Al citar este nombre convino conmigo en que había manifestado en alguna ocasión rasgos plausibles; pero añadió en seguida, con expresión desdeñosa, que, aparte el valor, era una figura muy vulgar, sin elevación alguna, sin grandeza de miras, y sin aquella intención social que sólo puede concebirse en un espíritu verdaderamente superior, ilustrado además por la educación y la cultura.Confieso francamente que llamó sobremanera mi atención la inesperada frase de intención social, y en aquel momento, por una inevitable asociación de ideas, me acordé del famoso drama de Schiller, titulado Los bandidos, en que se idealiza hasta el extremo la ruptura de todo vínculo con la sociedad, bajo el pretexto de reformarla, y maquinalmente exclamé:
¡No era posible que José María fuese un Carlos Moor!1
Es cierto! ¿Conoce usted ese gran drama? preguntóme el antiguo capitán Garibaldino.
Sí, le conozco. He ahí la realización y apoteosis del ideal, que siempre he llevado en mi corazón y en mi mente! ¡Qué concepción tan gigantesca! ¡Qué tipo tan simpático y maravilloso!
Y el capitán Mena, con los ojos radiantes y con trágica entonación, comenzó a recitar en alemán largas tiradas de versos de este bellísimo y a la par deplorable drama. Yo, entre tanto, le contemplaba silencioso, admirado y afligido.
Cuando hubo terminado sus recitaciones, exclamó: Carlos Moor es el verdadero bandido, bueno y honrado!
Qué quiere usted decir?
El mito romántico del bandolero andaluz:
Cuenta Julián de Zugasti que, hacia 1870, cuando fue nombrado gobernador de Córdoba e intentaba acabar con el bandolerismo andaluz, bandolerismo que aún continuaba actuando en esa época y llevaba a cabo múltiples secuestros, asesinatos y extorsiones de todo tipo, se entrevistó en la cárcel cordobesa con uno de estos bandidos, apodado el Garibaldino, con el que mantuvo una larga conversación, en su intento de conseguir información para neutralizar en lo posible las mencionadas acciones antisociales que los malhechores realizaban habitualmente en el sur de la provincia de Córdoba, así como en las provincias limítrofes de Granada, Málaga y Sevilla. En un momento de la conversación sale a relucir la figura de José María el Tempranillo, como posible prototipo del bandido andaluz. He aquí un
jueves, 5 de mayo de 2016
Jaime “El Barbudo” nació en Crevillente (Alicante) el 23 de octubre de 1783, de su infancia y juventud se sabe muy poco, solo que cuando trabajaba en el pueblo de Catral guardando unas ovejas y unas viñas sorprendió a un merodeador al que en un enfrentamiento dio muerte en defensa propia, ante lo cual se marchó de dicha localidad con la mala fortuna de sufrir un caída huyendo por la sierra que le dejó maltrecho en un barranco, siendo descubierto por la partida de “Los Mojicas” que le curan de sus heridas al saberle huido de la justicia, y a la cual se unirá.
Tras pasar una temporada en la cuadrilla se enfrenta a éstos en 1808 dados los métodos agresivos que emplean, quedando como jefe de la misma tras una refriega en la que mueren dos de los tres hermanos que componían la capitanía de la partida. Al poco tiempo Jaime comienza a comprender el delicado estado político de España y se convierte en una mezcla de ladrón y guerrillero afamado en tierras de Valencia y Murcia que utilizó la Guerra de Independencia para sus fines delictivos y heroicos. Destacan los episodios acaecidos en Murcia en 1812, donde Jaime acompañado de una partida de casi cien hombres se enfrentó a los franceses que ocupaban la ciudad, dando muerte a un altísimo número de las tropas del general francés Soult.
Tras la Guerra de Independencia, Jaime “El Barbudo” se retira a la Sierra de Crevillente donde se le comunica el sobreseimiento de las causas criminales contra él debido a sus méritos de guerra, volviendo al poco a su casa con su esposa María Antonia y la hija de ambos. Pero en 1815 Jaime, vuelve y reúne de nuevo a su partida cometiendo destacados robos en Orihuela y Villena. Al poco tiempo se pone precio a su cabeza, y Jaime se siente por primera vez en su vida inquieto, pues poco a poco empiezan a llegar las tropas y los Edictos Reales contra él y su partida.
En abril de 1823 vuelven las tropas francesas ahora para consolidar por la fuerza el absolutismo de Fernando VII, lo que provoca un nuevo indulto para Jaime “El Barbudo” por parte del funesto comisario regido el Brigadier Luis Adriani; de cruel recuerdo para los valencianos de la época; que forma junto a sus hombres un ejercito de Fe en Murcia a las ordenes del Rey. A pesar de todo en los primeros meses de 1824 es llamado al Ayuntamiento de Murcia donde es arrestado y acusado de robo y asesinato por los mismos que lo habían indultado, lo que al poco tiempo muere en la horca y de esta forma entra Jaime “El Barbudo” en la leyenda.
miércoles, 4 de mayo de 2016
Los siete niños de Ecija
Los Siete Niños de Écija fue una de las cuadrillas de bando-leros más conocidas de la An-dalucía del S. XIX, si bien, ésta encuadrada en sus filas a más de siete bandoleros, de los cuales ninguno era de Écija (Sevilla); de ahí la frase “ni eran siete, ni eran de Écija”.
Sin lugar a dudas uno de sus más destacados y legendarios componentes fue José Ulloa “Traga buches éste nació en Arcos de la Frontera (Cádiz) el 21 de Septiembre de 1781, siendo de raza gitana, y here-dando el apodo de su padre, que en una ocasión se había comido un feto de asno ado-bado
Juan Caballero nació en Estepa (Sevilla) el 26 de agosto de 1804. Hijo de familia humilde, su juventud transcurrió en el campo trabajando la tierra, donde se casó en 1827 con una muchacha estepeña de su misma condición social.
Al año de contraer matrimo-nio, sin conocer causa alguna, se convierte en jefe de una cuadrilla de salteadores. Pron-to se le conoce ya como “El Lero”, y es famoso en toda Sierra Morena compartiendo protagonismo con “El Tem-pranillo”; al cual llamaba afec-tuosamente compadre; repar-tiéndose entre ambos los cam-pos de operaciones dentro de los caminos de Andalucía.
martes, 3 de mayo de 2016
Un nefasto día, José Ulloa salió de Ronda a caballo para ir a torear a Málaga, teniendo que volver a Ronda a consecuencia de una caída del caballo. Al llegar a su casa encontró la puerta cerrada, y al entrar vio a su mujer muy turbada y nerviosa, recelando por su parte infidelidad, registró toda la casa sin encontrar a nadie, tras lo cual con la necesidad de saciar su sed se dirigió a una tinaja donde encon-tró escondido al amante de su mujer; Pepe "El Listillo", un acólito de la parroquia rondeña de Santa María la Mayor. En el acto El Tragabuches mató al amante y después a su mujer lanzándola por la ventana.
Tras el desgraciado acontecimiento, el torero no halló otra solución para su vida destruida, más que alistarse en la cuadrilla de “Los Siete Niños de Écija dirigida por entonces por Juan Palomo. En dicha cuadrilla permaneció hasta su disolución, alcanzando un gran renombre como destacado bandolero. Al llegar la disolución la mayoría de los miembros de la cuadrilla fueron recibiendo el indulto, pero no lo hubo sin embargo para José Ulloa “El Tragabuches cuya huella se pierde en absoluto desde ese mo-mentoro, más conocido como Pasos Largos nació en la población de El Burgo, muy cerca de Ronda (Málaga), y ha pasado a la historia del bandolerismo como el último bandolero andaluz. Su familia vivía cómodamente cultivando tierras y regentando una pequeña venta en el Puerto de los Empedrados entre El Burgo y Ronda. Poco después se trasladaron al Cortijo de la Romerosa, donde “Pasos Largos” aprendió a leer y a escribir con la ayuda de los maestros rurales que acudían a los cortijos de la zona.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






