viernes, 27 de mayo de 2016

respondiole la cristiana _ si me quitas a mi padre, mis amigos y mis damas? Vuélveme, vuélveme, moro, a mi padre y a mi patria, que mis torres de León valen más que tu Granada. Escuchola en paz el moro, y manoseando su barba, dijo, como quien medita, en la mejilla una lágrima: Si tus castillos mejores que nuestros jardines son, y son más bellas tus flores, por ser tuyas, en León, y tú diste tus amores a alguno de tus guerreros, hurí del Edén, no llores, vete con tus caballeros.
Y dándole su caballo y la mitad de su guardia, el capitán de los moros volvió en silencio la espalda.

jueves, 26 de mayo de 2016

Qué me valen tus riquezas _ respondiole la cristiana _ si me quitas a mi padre, mis amigos y mis damas? Vuélveme, vuélveme, moro, a mi padre y a mi patria, que mis torres de León valen más que tu Granada. Escuchola en paz el moro, y manoseando su barba, dijo, como quien medita, en la mejilla una lágrima: _ Si tus castillos mejores que nuestros jardines son, y son más bellas tus flores, por ser tuyas, en León, y tú diste tus amores a alguno de tus guerreros, hurí del Edén, no llores, vete con tus caballeros. Y dándole su caballo y la mitad de su guardia, el capitán de los moros volvió en silencio la espalda.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Oriental Corriendo van por la vega, a las puertas de Granada, hasta cuarenta gomeles y el capitán que los manda. Al entrar en la ciudad, parando su yegua blanca, dijo éste a una mujer que entre sus brazos lloraba: _ Enjuga el llanto, cristiana, no me atormentes así, que tengo yo, mi sultana, un nuevo Edén para ti. Tengo un palacio en Granada, tengo jardines y flores, tengo una fuente dorada con más de cien surtidores. Y en la vega del Genil tengo parda fortaleza, que será reina entre mil cuando encierre tu belleza. Y sobre toda una orilla extiendo mi señorío; ni en Córdoba ni en Sevilla hay un parque como el mío. Allí la altiva palmera y el encendido granado, junto a la frondosa higuera cubren el valle y collado. Allí el robusto nogal, allí el nópalo amarillo; allí el sombrío moral crecen al pie del castillo. Y olmos tengo en mi alameda que hasta el cielo se levantan, y en redes de plata y seda tengo pájaros que cantan. Y tú mi sultana eres; que, desiertos mis salones, está mi harén sin mujeres, mis oídos sin canciones. Yo te daré terciopelos y perfumes orientales, de Grecia te traeré velos, y de Cachemira chales. Y te daré blancas plumas para que adornes tu frente, más blancas que las espumas de nuestros mares de Oriente; Y perlas para el cabello, y baños para el calor, y collares para el cuello; para los labios.... ¡amor!- _ ¿Qué me valen tus riquezas

martes, 17 de mayo de 2016

El personaje protagonista del drama de Schiller, el mencionado Carlos Moor, presenta entre los rasgos que configuran su personalidad esa fatalidad, tan romántica, de sentirse inerme ante los impulsos del destino, de la misma manera que lo está nuestro don Álvaro, sometido a la fuerza del sino, en la obra del Duque de Rivas, o algunos otros personajes marginales, como la prostituta, según he estudiado no hace mucho tiempo2. Hay, al parecer, un hado trágico que planea sobre estos personajes y que los determina a convertirse en seres fuera de la ley, sin que puedan hacer nada por evitarlo. Algo de esto se advierte claramente en el personaje de Schiller, que se lamenta de su suerte en un dramático monólogo, al que pertenecen estos versos según una traducción española de los años treinta

lunes, 16 de mayo de 2016

Zugasti concluye aquella conversación con el Garibaldino, al que también se le llama el capitán Mena, afirmando que el mejoramiento de la sociedad no puede hacerse por medio de actos delictivos: «yo sólo me limité a decirle -escribe el gobernador de Córdoba- que el mismo Schiller calificaba de insensata la tentativa de mejorar el mundo por el crimen y afirmar las leyes por actos ilegales; pero dejando esto aparte, añadí, no hay duda en que, a veces, es digno de admiración el valor y el ingenio que demuestran esos desgraciados que, más bien por una cruel fatalidad, que por perversión de alma, se colocan fuera de las leyes en abierta lucha contra la sociedad»3. Como puede verse también el gobernador achaca el origen de algunos actos delictivos ocasionalmente a la fatalidad, a aquel fatum clásico que determinaba trágicamente la vida de las personas.

viernes, 13 de mayo de 2016

Adónde marcha el hijo del Sol con tan numeroso séquito? Tupac-Yupanqui, el rico en todas las virtudes, como lo llaman los haravicus del Cuzco, va recorriendo en paseo triunfal su vasto imperio, y por dondequiera que pasa se elevan unánimes gritos de bendición. El pueblo aplaude a su soberano, porque él le da prosperidad y dicha. La victoria ha acompañado a su valiente ejército, y la indómita tribu de los pachis se encuentra sometida. ¡Guerrero del llautu rojo! Tu cuerpo se ha bañado en la sangre de los enemigos, y las gentes salen a tu paso para admirar tu bizarría. ¡Mujer! Abandona la rueca y conduce de la mano a tus pequeñuelos para que aprendan, en los soldados del Inca, a combatir por la patria. El cóndor de alas gigantescas, herido traidoramente y sin fuerzas ya para cruzar el azul del cielo, ha caído sobre el pico más alto de los Andes, tiñendo la nieve con su sangre. El gran sacerdote, al verlo moribundo, ha dicho que se acerca la ruina del imperio de Manco, y que otras gentes vendrán en piraguas de alto bordo a imponerle su religión y sus leyes. En vano alzáis vuestras plegarias y ofrecéis sacrificios, ¡oh hijas del Sol!, porque el augurio se cumplirá. ¡Feliz tú, anciano, porque sólo el polvo de tus huesos será pisoteado por el extranjero, y no verán tus ojos el día de la humillación para los tuyos! Pero entretanto, ¡oh hija de Mama-Ocllo!, trae a tus hijos para que no olviden el arrojo de sus padres, cuando en la vida de la patria suene la hora de la conquista. Bellos son tus himnos, niña de los labios de rosa; pero en tu acento hay la amargura de la cautiva. Acaso en tus valles nativos dejaste el ídolo de tu corazón; y hoy, al preceder, cantando con tus hermanas, las andas de oro que llevan sobre sus hombros los nobles curacas, tienes que ahogar las lágrimas y entonar alabanzas al conquistador. ¡No, tortolilla de los bosques!... El amado de tu alma está cerca de ti, y es también uno de los prisioneros del Inca. La noche empieza a caer sobre los montes, y la comitiva real se detiene en Izcuchaca. De repente la alarma cunde en el campamento. La hermosa cautiva, la joven del collar de guairuros, la destinada para el serrallo del monarca, ha sido sorprendida huyendo con su amado, quien muere defendiéndola. Tupac-Yupanqui ordena la muerte para la esclava infiel. Y ella escucha alegre la sentencia, porque anhela reunirse con el dueño de su espíritu y porque sabe que no es la tierra la patria del amor eterno. Y desde entonces, ¡oh viajero !, si quieres conocer el sitio donde fue inmolada la cautiva, sitio al que los habitantes de Huancayo dan el nombre de Palla-huarcuna, fíjate en la cadena de cerros, y entre Izcuchaca y Huaynanpuquio verás una roca que tiene las formas de una india con un collar en el cuello y el turbante de plumas sobre la cabeza. La roca parece artísticamente cincelada, y los naturales del país, en su sencilla superstición, la juzgan el genio maléfico de su comarca, creyendo que nadie puede atreverse a pasar de noche por Palla-huarcuna sin ser devorado por el fantasma de piedra

martes, 10 de mayo de 2016

El personaje protagonista del drama de Schiller, el mencionado Carlos Moor, presenta entre los rasgos que configuran su personalidad esa fatalidad, tan romántica, de sentirse inerme ante los impulsos del destino, de la misma manera que lo está nuestro don Álvaro, sometido a la fuerza del sino, en la obra del Duque de Rivas, o algunos otros personajes marginales, como la prostituta, según he estudiado no hace mucho tiempo2. Hay, al parecer, un hado trágico que planea sobre estos personajes y que los determina a convertirse en seres fuera de la ley, sin que puedan hacer nada por evitarlo. Algo de esto se advierte claramente en el personaje de Schiller, que se lamenta de su suerte en un dramático monólogo, al que pertenecen estos versos según una traducción española de los años treinta: